Campaña de riego 2020: ¿Será el agua un problema este verano?

 

 

El mes de febrero fue uno de los meses más cálidos de los últimos 50 años en España. Esto, unido al hecho de que el período 2018-2019 fue extremadamente seco, no presagiaba nada bueno para la campaña de riego del 2020

 

No obstante, las abundantes lluvias de marzo, abril y mayo, consiguieron aliviar la problemática situación de los embalses hasta alcanzar una reserva hidráulica nacional de un 65,8%.

 

Y si bien es cierto que no lograron compensar la escasez de agua que nos dejó el 2109, sí que ha sido suficiente como para replantear algunas de las dotaciones de agua que habían visto su caudal reducido de manera alarmante.

 

La campaña de riego 2020 que se inició el pasado abril se podrá llevar a cabo sin problema, porque en la mayoría de las demarcaciones, el consumo de agua no supera la dotación adjudicada por su correspondiente órgano regulador. Pero no hay que perder de vista la situación en la que se encuentra el regadío español.  

 

España es el país de la UE con más superficie regada, casi un 5% del total de su territorio. El 15% de la superficie agrícola cuenta con riego y es la que genera dos tercios de toda la producción agrícola española.

 

La agricultura es el mayor consumidor de agua de España y en concreto el cultivo de riego es el que se lleva la mayor parte. Al mismo tiempo es el que genera más empleo, un 40% más que el cultivo de secano.

 

Es una realidad que el cambio climático está alterando el ciclo natural del agua. Las lluvias torrenciales dan paso a largas temporadas de sequía y los fenómenos naturales como las danas y los temporales son cada vez más frecuentes. 

 

Soluciones como la reutilización del agua o la desalinización, ya se ha comprobado que sólo son válidas para un 10% de los cultivos y que además resultan más costosas.

 

Frente a este escenario, el sector de la agricultura busca dos salidas: el compromiso por parte de la administración de llevar a cabo obras necesarias para el almacenamiento y la gestión del agua, como embalses y canalizaciones. 

 

Y la progresiva tecnificación del campo, con sistemas de riego cada vez más eficientes o el uso de drones y de aplicaciones de gestión del riego.

 

También juega un papel importante la investigación para determinar las defensas de los propios cultivos para evitar las pérdidas de agua y conseguir así variedades más resistentes a la sequía.

 

La demanda de alimentos aumenta a la par que la población mundial y es un hecho que cada vez disponemos de menos agua dulce. Es por ello que el sector de la agricultura está cada vez más comprometido con el ahorro del agua y la sostenibilidad de los cultivos.

 

 

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